SÁNCHEZ ROMERALO, ANTONIO (ED.)
En su libro de 2001, El Archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad, subtitulado «Historia documentada de un siglo de Historia», [Diego] Catalán escribe, en realidad, unas memorias familiares y personales, con el Romancero como trasfondo o hilo conductor, y, a veces, también como pretexto. La documentación es, en efecto, sobreabundante al historiar el largo proceso de génesis, realización, edición parcial, y posterior abandono de aquel «utópico» «Romancero General» hispánico. Claro está que en esa documentación no se califica nunca de «utópico» el proyecto. Lo sorprendente es que del examen de la documentación reunida por Catalán sólo cabe deducir que el proyecto de edición del «Romancero General» hispánico no ha contado nunca con un plan global preciso, completo, ni coherente. De los bocetos de organización trazados por Menéndez Pidal lo único que queda meridianamente claro es que Don Ramón sólo dejó unas notas de generalidad suma, y que su idea de cómo realizar la edición experimentó cambios sustanciales. Distintas anotaciones de entre 1929 y 1932 presentan tres planes distintos que en conjunto ocupan menos de dos páginas y, sin embargo, ofrecen un panorama de insólita amplitud. Para empezar, en lo que parece ser la anotación más tardía, de 1932, el plan de edición incluía conjuntamente el estudio y edición del Romancero y la Épica, y ese proyecto, con los títulos de «Gestas y Romancero» (1931), o «Epopeya y Romancero» (1932), sería el que se intentó iniciar en la última época del Centro de Estudios Históricos, contando con una donación de la Hispanic Society de Archer M. Huntington. En cuanto al Romancero propiamente dicho, Don Ramón en sus distintos planes preveía incluir además de los textos del Romancero viejo y sus derivados en la tradición oral moderna, todas las composiciones cultas en metro de romance, desde los romances trovadorescos del XV y el Romancero erudito y nuevo del XVI «hasta hoy», incluyendo a Moratín, Zorrilla, el Duque de Rivas, los temas de la Guerra de África, composiciones americanas sobre Bolívar, los romances vulgares y... el Romancero «gitano» de García Lorca. Súmese que se distinguen «doce épocas» del Romancero, cada una de las cuales debía ser estudiada de acuerdo con la «Estimación» que el género merecía, su «Carácter», y su «Difusión», o que se trazaba una distinción entre «Romances» y «Baladas», en consonancia con su estudio publicado en 1927, cuyo fundamento es más que discutible. El conjunto de la obra, incluyendo la épica medieval, los estudios correspondientes y las melodías, contaría con ocho (plan de 1931) o diez (1932) volúmenes8. Parecen haber existido también vacilaciones en cuanto a separar o unir el Romancero «viejo» al de la tradición oral moderna, aunque la idea última era publicar los dos corpora por separad