CATALÁN, DIEGO (ED.)
Las primeras muestras del Romancero de la tradición oral moderna vinieron de la mano de románticos viajeros que, como Washington Irving, dejaron testimonios de romances que se cantaban en Andalucía; y más tarde, los pioneros del folklorismo español daban a conocer en sus escritos costumbristas algunos romances recogidos directamente en estas tierras meridionales, siendo Serafín Estébanez Calderón quien más datos nos ofrece sobre los ambientes en los que se desenvolvía el Romancero en la primera mitad del siglo XIX.