CHARTIER, A. M
La preocupación que existe hoy por la lectura, tanto de las sociedades como de
la escuela y de los padres, no tiene -como podría pensarse- larga data. Incluso, muchos
años atrás, se hablaba de los posibles males que podían generar el hábito de la lectura.
Marcia Abreu nos recuerda que en un libro de siglo XVIII, del médico Simon A. Tissot,
La salud de los hombres de letras, se presentaban los peligros que la lectura ofrecían
para la salud: Tissot explicaba que el esfuerzo continuo de intelección de un texto
perjudicaría los ojos, el cerebro, los nervios. (Abreu, 2002: 12). En el mismo sentido, la
obra de Guillermo Buchanan, en su capítulo dedicado a las causas de las enfermedades
ordinarias en la gente de letras (Buchanan, 1792: 97-102)
Anne-Marie Chartier y Jean Hébrard han estudiado el caso utilizando datos
referentes a Francia y han establecido que la mencionada inquietud solo se constata a
partir de la segunda mitad del siglo XX, momento a partir del cual recién comienza a
hablarse de que los lectores son pocos y malos, que los jóvenes salen de las escuelas sin
saber leer.