ROMERO CARAMÉ, JOSÉ LUIS
Federico García Lorca, del que se han cumplido cien años de su nacimiento, es una figura controvertida. Para unas personas es un mártir de la libertad, para otros era alguien a quien había que ignorar y ocultar, lo que lograron durante cuarenta años. Su trágica muerte ocultó su ingente obra en un hombre que solo escribió durante veinte años; como Don Quijote tapó al Cervantesco. Muchos recitaban versos de la casada infiel o el verde que te quiero verde, pero la mayoría no lo ha leído. Se me ha ocurrido conocer mejor a Federico a través de sus cartas, y penetrar en su vida, su obra y el mundo que le rodeaba.
Son cartas espontáneas, cordiales, con humorismo, comunicando imaginaciones y proyectos y exageraciones muy andaluzas. Desde la nota lírica a la anécdota personal o la narración de su inagotable proceso creador, se manifiesta en su forma de escribir; se prodigan los puntos suspensivos, signos de exclamación continuos, nombres erróneos o mal escritos, faltas de ortografía, palabras o frases enteras subrayadas, etc. Son cartas coloquiales, habladas, escritas en voz alta, como si el interlocutor estuviera delante.
En ese mundo invito al lector a sumergirse.