MARTIN, JEAN-CLET
El más filósofo de los escritores merece la lectura de un filósofo sensible al arte de escribir, capaz de no forzar interpretaciones, sino de acompañar el estilo de la pluma prolongándolo en el pensamiento, capaz de leer con detalle cada obra para convertirla en un artefacto que reúne la imaginación literaria y el pensamiento. Ese lector apasionado que es Jean-Clet Martin serpentea el caos y la ceguera, los dobles, la identidad, la traducción, el eterno retorno, los laberintos, el infinito y por supuesto, la eternidad. Estos temas borgianos salen de cada poema y de cada cuento para encontrarse con resonancias deleuzianas, con Derrida, Nietzsche, Leibniz, Spinoza o Bergson, para alumbrar la obra completa, no tanto en un ejercicio de interpretación, sino en una intensificación de sus efectos desconcertantes sobre la manera habitual en que experimentamos el mundo.