VERSIONES

VERSIONES

Editorial:
EDICIONES ANTÍGONA, S. L.
Año de edición:
Materia
ARTE, Teatro, Cine y Música
ISBN:
978-84-16923-93-9
Páginas:
424
Encuadernación:
Rústica con solapas
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Alberto Conejero (Vilches, 1978.) Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidad Complutense de Madrid. De su producción dramática destacan: Todas las noches de un día, ganador del III Certamen de Textos Teatrales de la AAT; La piedra oscura, Premio Max al Mejor Autor Teatral 2016 y Premio Ceres al Mejor Autor 2015; Ushuaia, Premio Ricardo López de Aranda 2013; Cliff (acantilado), ganador del IV Certamen LAM 2010; Húngaros, Premio Nacional de Teatro Universitario 2000; Fiebre, accésit Premio Nacional de Teatro Breve 1999. Ha sido también responsable de diversas dramaturgias y reescrituras: Fuenteovejuna (2017) para la CNTC; Troyanas (Festival de Teatro Clásico de Mérida, 2017), Rinconete y Cortadillo para Sexpeare Teatro (2016), Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (Festival de Otoño a Primavera / Metatarso, 2016), Proyecto Homero / Odisea (La Joven Compañía 2016), Macbeth y La Tempestad de Shakespeare (Teatro Defondo, 2009 y 2010), entre otras.
Escritura.
Se escribe teatro y se anhela intimidad con otros seres humanos. Porque como dice Enzo Cormann, los dramaturgos no escribimos teatro sino que escribimos para el teatro. Y por eso la escritura teatral contiene siempre la vocación de encuentro con otros imaginarios. Quizá escribir teatro es en primer lugar citarse con quien uno quisiera o teme o intuye ser. O de otro modo: escribir teatro es concertar una cita con el desconocido que nos habita. Escribo para lanzar preguntas para las que no tengo respuestas. La escritura me cuestiona como individuo y como ciudadano. Escribo porque dudo. Escribo también porque no aprendí a rezar pero tengo la necesidad de algo que no está pero a lo que debemos atender. Al igual que Perseo utilizaba el escudo para enfrentar a Medusa, yo empleo la escritura teatral para enfrentar mis miedos, mis anhelos o mis pasiones ingobernables. Cada obra es un laberinto donde espera un Minotauro que nos recuerda que, como todo misterio, la vida siempre tiene algo maravilloso y monstruoso a la vez. Y escribo teatro porque me hace profundamente feliz y siento la ilusión de libertad y plenitud escribiéndolo.
Theatre is written and intimacy is yearned for with other human beings. As Enzo Cormann once said, playwrights don’t write theatre - they write for theatre. It is for this reason that, when writing theatre, the playwright always needs to wrestle with other versions of him/herself that reside within. When writing a play, authors may first need to consider the author that they are fearful of becoming or strive to be. In other words, writing plays is like arranging an appointment with the stranger inhabiting you. I write to ask the questions that I don’t have answers for. The act of writing leads me to question myself as an individual and as a citizen. I write because I have doubts. I also write because I never learned how to pray. I need something that isn’t there, but which needs satisfying nonetheless. Just as Perseus used his shield to take on Medusa, I use theatrical writing to tackle my fears, desires and uncontrollable passions. Each piece is a labyrinth in which a Minotaur awaits us, reminding us how - just like all mysteries - life always presents us with situations that are marvellous and monstrous in equal measure. I also write theatre because it makes me profoundly happy, and I feel free and fulfilled when I write it.

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