REDONET, LILLO
La imagen popular de la Roma Antigua está llena de guerras, intrigas y sangrientos espectáculos del anfiteatro, pero los romanos eran también un pueblo que reía. La sonrisa o la burla hacían su aparición en la calle, en la taberna, en las termas, en los banquetes, en los procesos electorales o judiciales e incluso ante la muerte. En Un Imperio de risas el lector conocerá la vis cómica del romano de a pie, pero también el humor de los personajes famosos.Los chistes y bromas se escribían en grafitis en la pared o en diversos objetos e incluso se incorporaban a los epitafios de las tumbas. Las anécdotas graciosas de los personajes notables se recogían en diversas recopilaciones y se incluía el humor en las biografías, a veces realmente estrafalarias, de los emperadores romanos. Los poemas burlescos provocaban la risa a costa del prójimo. Pero lo más cercano a nuestro mundo es el divertido libro denominado Filógelos, El amante de la risa, con 265 chistes recopilados en torno a los siglos IV-V d. C. en el que pululan toda clase de tipos ingeniosos.