TUAN, YI-FU
¿Cuáles son nuestras visiones del entorno material, sea éste natural
o artificio humano? ¿Cómo lo percibimos, cómo lo estructuramos,
cómo lo valoramos? ¿Cuáles han sido y cuáles son nuestros ideales con
respecto al medio? ¿De qué modo la economía, los estilos de vida e
incluso el marco físico afectan nuestras actitudes y valores hacia él?
¿Qué relación existe entre entorno y cosmovisión?
Estos son algunos de los temas que me propongo examinar. A pesar de su amplitud, estas preguntas no lo abarcan todo. La contaminación del medio ambiente y la ecología, dos asuntos de gran importancia e interés para el mundo, quedan fuera del ámbito de este
libro. Las materias que trataremos aquí percepciones, actitudes y
valores nos ayudan, en primer lugar, a entendernos a nosotros
mismos. Sin esa comprensión, no podríamos abrigar esperanzas de
encontrar soluciones perdurables a los problemas del medio ambiente, que son fundamentalmente problemas humanos. Y los problemas humanos económicos, políticos o sociales se articulan
en el polo psicológico de la motivación, los valores y las actitudes
que dirigen la energía hacia determinados objetivos. Desde mediados de los años sesenta, el movimiento medioambiental-ecologista
ha avanzado en dos direcciones. Una es de índole práctica: ¿Qué hacer con las barriadas infestadas de ratas o con las aguas contaminadas? La otra es teórica y científica: el intento de entender las com025-TOPOPHILA-a 18/10/07 11:01 Página 9
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plejas fuerzas que gobiernan el mundo natural. Ninguno de estos
dos enfoques se vincula de forma directa con la formación de actitudes y valores. Los entornos amenazados y aquellos cuyo deterioro
constituye un peligro para la salud requieren de una acción inmediata; las cuestiones relativas a actitudes y valores parecen no venir al
caso. El científico y el teórico, por su parte, tienden a pasar por alto
la diversidad y la subjetividad humanas, puesto que la tarea de
desentrañar los vínculos existentes en el mundo no humano ya es
enormemente compleja. Con todo, las actitudes y las creencias no
pueden excluirse ni siquiera desde el acercamiento práctico, porque
es práctico tomar en cuenta las emociones humanas en cualquier
cálculo ambiental. Tampoco pueden excluirse del enfoque teórico,
puesto que el ser humano es, de hecho, la dominante ecológica por
excelencia y no basta con observar y documentar su conducta; es
preciso entenderla con la mayor claridad