EUGENIO, PADORNO
TAN hecho, mar, a tu presencia, en ocasiones desocupas de mi memoria tu existir; pero no tengo que llamarte, como al gato, por saber dónde estás; donde siempre, te reencuentro enseguida: en los bordes del inmenso lecho circular... Azul o verde cobertor con que abrigo mi vida.Y anoche te entreoí; me envolvió tu lenguaje, que hizo del cuarto el interior de una gran caracola arrastrada hacia el sueño.(Y fue tam-bién hablar a solas dentro de otra voz escuchar-me).Hoy, en el Paseo, entre el albor y la rotunda claridad, bajo la hilaza de una nube, un desplayar que siega las demasías del verano.Ahíy allá, dilatado jacío de raíz desocultas, rocas que por su nombre mis años de juventud anfibia conocieron.Pero, ¿y cuál el tuyo?, dime,mar; no esta abreviatura, no este resto de materia fonética que sin desleír me ha quedado en la lengua