KATZ, ROBERT
Fassbinder es un cineasta imprescindible y heterodoxo. Hace unos días tuve la ocasión de ver su primer largometraje El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod), un prodigioso debut como director. El film, estrenado en 1969 ya anuncia las principales características de sus obras posteriores: la exaltación de los sentimientos y emociones, el análisis personal de las relaciones sentimentales, el paroxismo en la pareja, la soledad, el anhelo de compañerismo y de amor, el miedo a la traición. Lo tórrido y lo frío se dan de la mano.
Con ocasión de su estreno el propio Fassbinder explicó el significado del título: Es una película que se opone al amor estúpido, a aquellos que quieren a alguien sin pensar en las consecuencias. En mi película, el amor engendra violencia y viceversa.
El argumento de El amor es más frío que la muerte no importa mucho, es casi lo de menos. Es una historia de gánsters, un complot o su parodia o más bien la deconstrucción del género gansteríl. Se puede explicar a grandes rasgos sin desvelar nada de lo que importa en la película. Franz (interpretado por el propio Fassbinder) es un delincuente de tres al cuarto que decide mantenerse al margen del Sindicato del Crimen, pese a que la organización quiere que trabaje para ellos. Para conseguirlo, ponen en su camino a otro gánster, Bruno (Ulli Lommel) cuya belleza seduce a Franz y ambos entablan una amistad, en la que no se descarta una velada inclinación homosexual. Franz a su vez vive con su novia Johanna (Hanna Schygulla), una prostituta que sueña con un hogar burgués.