ASIN, MANUEL / VAN DE STAAK, FRANS
En el cruce entre el cine narrativo, la poesía experimental, el teatro de vanguardia, las artes plásticas, la música de improvisación y la losofía del lenguaje, Frans van de Staak (Ámsterdam, 19432001) ocupa un lugar único en la historia del cine.
Desde los textos de Baruch Spinoza, Hubert Poot y Wallace Stevens a las frases hechas del lenguaje ordinario, las películas de van de Staak aíslan y reinterpretan la sensualidad de los signos de la vida moderna, de la in exión de una voz a la manera de anudarse los cordones de un zapato. A partir de sus propios escritos, entrevistas y materiales preparatorios de sus proyectos, este libro invita a recorrer el fulgurante conjunto de su filmografía, que testimonia una originalidad radical en su concepción de las posibilidades del cine.
Autor: Asín, Manuel
Director artístico del Festival Internacional de Cine Documental de Navarra Punto de Vista y responsable del Área de Cine del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha comisariado ciclos para Filmoteca Española, MNCARS, Xcèntric-CCCB, Zinebi, MUN, etc. Ha publicado artículos en revistas como Trafic, Blogs&Docs o Caimán Cuadernos de Cine (donde es miembro del consejo de redacción). Es autor de la edición y los prólogos de dos libros en torno al cine de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet: Escritos (2011) y Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas pero olvidadas (2016). Forma parte del equipo docente de Elías Querejeta Zine Eskola (San Sebastián) y Master LAV (Madrid). Ha sido director de la distribuidora y editorial de libros y DVD Intermedio (2011-2015).
Autor: van de Staak, Frans
Van de Staak es un «cineasta de cineastas»: elogiado por Van der Keuken o Straub que lo consideraba uno de los grandes cineastas europeos y el único heredero de Vertov, desgraciadamente es muy desconocido. En su obra (veinticinco films de muy distinta duración) explora un peculiar trabajo con los actores no profesionales y el recitado, y una rigurosa búsqueda plástica y rítmica. Construyó Spinoza de una «forma geométrica», escogiendo con precisión la frecuencia con que aparecen los veinte actores que dicen, repiten y ensayan los textos. En Sepio, donde la intensidad de los colores y las formas evoca a Cézanne, filmó a una única actriz en un campo estival donde resuena la presencia de su amante.