CELA CONDE, CAMILO JOSE
Madera de boj, conviene recordarlo, es el libro que Camilo José Cela (1916) estaba escribiendo cuando recibió la noticia de la concesión del Premio Nobel en 1989. Y fue precisamente este suceso, que en sí mismo es gozoso, lo que hizo que la novela se le "atascara" y fuera a parar al limbo de los libros nonatos, en espera de redención. Son, claro está, las paradojas de los grandes premios, que, lejos de impulsar una carrera literaria, lo que suelen hacer más bien es malograrla o ponerla en peligro. Por fortuna, no ha sido este el caso de quien ha hecho siempre de la resistencia una de sus principales virtudes: "El que resiste, gana" es, de hecho, su lema. De modo que, después de nueve años de dudas e indecisiones y catorce meses de febril y laboriosa escritura, el autor de La familia de Pascual Duarte (1942) ha ganado, por fin, su particular guerra contra el éxito, que es el peor de los enemigos del alma y de la literatura, y, de paso, nosotros, los lectores, hemos ganado un gran libro.
Para ello, el autor de La colmena (1951) ?novela que, por cierto, es también un monumento a la resistencia y a la tenacidad? tuvo que romper todo aquello que llevaba escrito y comenzar de nuevo, como si nada hubiera sucedido, ni los premios ni los fracasos, como si ese fuera, una vez más, su primer libro, ese en el que un autor se lo juega todo en cada página, ese que rompe moldes y abre nuevos cauces, y, por tanto, corre un serio peligro de ser malentendido y rechazado. De entrada, Madera de boj, como casi todas las novelas importantes de este complejo siglo que ahora acaba, vuelve a poner en cuestión el concepto mismo de novela y los límites entre los géneros literarios. Y lo hace justo en un momento en el que algunos narradores y críticos con vocación de forenses han decretado por enésima vez la muerte de la novela. Lo que ocurre es que, frente a esos agoreros, todavía hay autores que propugnan una vuelta a la novela tradicional, mientras que otros, más arriesgados, prefieren una vuelta de tuerca en el camino de la experimentación formal y de la mezcla o contaminación de los géneros literarios. A esta última categoría pertenece, claro está, Madera de boj, al igual que otras obras de Camilo José Cela. De modo que no debemos juzgarla desde presupuestos que no le corresponden, sino de acuerdo con el concepto de novela o poética narrativa que en ella misma se expone.
Y, en este sentido, lo primero que hay que constatar es que se trata de una novela que no tiene argumento.