CASTILLO SOLÓRZANO, ALONSO DE
Feliciana y Luisa son dos jóvenes sevillanas hijas de un caballero muerto en la carrera de las Indias que, sin hacienda y con deudas, se trasladan con su madre a Madrid para sobrevivir con las únicas armas de su belleza y su falta de escrúpulos. Allí se alían con sus vecinas Costanza y Dorotea y se hacen con un coche de cuatro caballos, el coche de las estafas, al que someten a tantas transformaciones como identidades falsas adoptan ellas.
Los escasos datos sobre la vida de Alonso de Castillo Solórzano (Tordesillas, 1584-¿Italia o Zaragoza 1648?) lo sitúan como un miembro de la pequeña nobleza castellana que se instala en Madrid en 1619, fascinado por el ambiente cosmopolita de la Corte. Allí se mueve entre las academias literarias y el círculo de Lope de Vega, dilapida su hacienda y vende su título, debiendo entrar al servicio de grandes señores. Fue gentilhombre del marqués del Villar, y luego maestresala del marqués de los Vélez y de su hijo don Pedro, virrey de Aragón, capitán general de Cataluña, embajador en Roma y virrey de Sicilia, a quien acompañó en todos sus destinos. Cultivó Solórzano la poesía jocoso-satírica, la comedia, el entremés, el cuento y la novela, género este último donde alcanza la plenitud con Las harpías de Madrid (1631), La niña de los embustes, Teresa de Manzanares (1632), La garduña de Sevilla (1647) y El bachiller Trapaza (1637). En ellas traza riquísimos retablos de la bulliciosa vida ciudadana con sus gentes, aventuras y placeres, fiestas, modas, discreteos de damas y galanes, y ardides de toda ley.