LA REVOLUCIÓN INCONCLUSA

LA REVOLUCIÓN INCONCLUSA. EL MOVIMIENTO ANARCOSINDICALISTA Y EL POUM. REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y GUERRA CIVIL VOL IV

Editorial:
FUNDACIÓN DE ESTUDIOS SOCIALISTAS FEDERICO ENGELS
Año de edición:
Materia
Historia Universal. España y América
ISBN:
978-84-96276-87-1
Páginas:
256
Encuadernación:
Rústica con solapas
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Durante la primera mitad del siglo XX el anarcosindicalismo en el Estado español, a través de la CNT, agrupó a los sectores más combativos de la clase trabajadora, desarrollando una lucha sin cuartel contra la burguesía y el aparato del Estado. Mientras la CNT fue objeto de una brutal persecución durante la dictadura de Primo de Rivera, los dirigentes socialistas llegaron a colaborar con la misma, aceptando incluso puestos en el Consejo de Estado. Con la llegada de la República y la caída de la dictadura, el anarcosindicalismo, que prácticamente había llegado a ser desmantelado por la represión gubernamental, creció rápidamente llegando a alcanzar el millón de afiliados en 1932. Cientos de miles de trabajadores y jornaleros veían en la CNT un sindicato combativo que estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias en defensa de sus intereses y por la transformación revolucionaria de la sociedad. A pesar de sus carencias teóricas, que se reflejarían y tendrían graves consecuencias durante el desarrollo de la revolución, la CNT era considerada por la clase trabajadora, y por la patronal y el gobierno, como el ala más radical del movimiento obrero organizado.
El primer gobierno de la Segunda República, formado por republicanos y socialistas, y con un Mministro de Trabajo socialista, Francisco Largo Caballero, frustró rápidamente las expectativas de los trabajadores, así como las de los jornaleros en el campo. En este contexto la CNT mantuvo una posición de fuerte enfrentamiento con terratenientes y patronos, y con el gobierno, sufriendo una dura represión por parte de la policía. Entre 1931 y 1932 hubo un proceso huelguístico ascendente, exigiendo los trabajadores mejoras laborales y salariales, destacando, entre otras, la huelga de la Telefónica, dirigida por los sindicatos cenetistas. La respuesta del gobierno no se hizo esperar, desatando una feroz represión contra los trabajadores. Por otro lado en el campo hubo constantes ocupaciones de fincas e insurrecciones campesinas, principalmente lideradas por la CNT, que respondían a la miseria endémica que se vivía en el campo, y que fueron abortadas por el gobierno mediante el envío de los cuerpos represivos de la Guardia Civil, acérrimos defensores de la propiedad terrateniente, produciéndose constantes masacres como la de Casas Viejas, como ocurría en los tiempos de la monarquía y de la dictadura. La colaboración gubernamental de los socialistas, en un contexto de crisis del capitalismo, como en la actualidad, donde no hay margen alguno para las reformas, convirtió al sindicalismo revolucionario de la CNT en un punto de referencia para millones de jornaleros y trabajadores.