USON FORNIES, FERNANDO
Kenji Mizoguchi (???? Mizoguchi Kenji?) (Tokio, 16 de mayo de 1898 - Kioto, 24 de agosto de 1956) fue un director de cine japonés.[1] Es considerado, por su maestría como narrador de historias y por su dominio técnico, uno de los directores más influyentes del siglo XX.[2]
Se le sitúa, junto con Akira Kurosawa, Masaki Kobayashi y Yasujiro Ozu[3] como uno de los grandes realizadores nipones de todos los tiempos.[4] Entre la crítica se destaca su influencia en la historia del cine en la composición de planos secuencia y en el montaje de las escenas aunque solo se conservan aproximadamente la mitad de las 89 cintas[5] que rodó en su trayectoria.[6]
Biografía
Juventud
Mizoguchi nació en Tokio en 1898. Su familia cae en la pobreza, a pesar de las ambiciones de su padre, tras la crisis económica de 1904. Su familia tuvo que trasladarse al barrio de Asakusa, el más pobre de Tokio. Su padre, antiguo carpintero, se comporta de modo violento con la madre de Mizoguchi y también con su hija, a la que acaba vendiendo como geisha.
Mizoguchi tuvo dificultades como alumno en la escuela, y pasa a ser aprendiz de pintor sobre tela. Se convierte en un apasionado de la pintura y consigue un título en una Academia de pintura. Trabaja como ilustrador publicitario y también en un periódico de la ciudad de Kobe. En 1918, participa en los violentos disturbios que se producen como consecuencia de la influencia de la Revolución rusa y debido a ello pierde su empleo.
Entra en la industria del cine en 1920 como actor en los estudios Nikkatsu, aunque pronto pasa a ser ayudante de dirección. En 1922, dirige su primera película El día en el que regresó el amor en el que se manifiestan sus convicciones socialistas, y que es censurado por el gobierno.
Carrera como director
Al principio de su carrera, es un director rápido, dirige a veces adaptaciones de Eugene O'Neill, León Tolstói o versiones de películas expresionistas alemanas. De ese modo rueda más de 70 películas entre los años 20 y los 30, la mayor parte de los cuales se perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Su filmografía de este período está marcada por su compromiso contra el totalitarismo al que se encamina el Japón y su interés por la problemática de las prostitutas, siempre presentes en sus películas. Funda la productora Daiichi Eida para poder mantener su independencia, pero la productora quebrará casi enseguida.
Según el propio Mizoguchi, su primera película seria fue Las hermanas de Gion en 1936, con la que alcanzará un importante éxito de público. Se orienta a partir de ese momento hacia un neorrealismo que le sirve para analizar la transición del Japón desde el feudalismo hacia la época moderna. Obtuvo el Premio del Ministerio de Cultura con La historia del último crisantemo, en donde analiza el papel infravalorado de las mujeres en la sociedad japonesa. Desarrolla su famosa teoría "una escena/un plano".[7] Le ayuda su muy competente ayudante Hiroshi Mizutani que le anima a utilizar cámaras con gran angular.
Durante la guerra dirigirá películas de propaganda para la productora más importante de Japón, Shochiku. Se puede destacar La canción de la victoria, la más famosa Los leales 47 Ronins y La espada Bijomaru que le librará de ir a la cárcel.