JULIEN GRACQ

JULIEN GRACQ

Editorial:
ASOCIACIÓN SHANGRILA TEXTOS APARTE
Año de edición:
Materia
Ensayo Literario y Lingüística
ISBN:
978-84-121538-4-2
Páginas:
324
Encuadernación:
Rústica
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Hay un título de una obra del geólogo alemán Eduard Suess, Das Antlitz der Erde [La faz de la tierra], que «siempre fascinó» a Gracq, que empleó la expresión en incontables ocasiones. (73) Esta «faz de la tierra» que Gracq acarició tan amorosamente comprende sus lugares predilectos: el Flandes holandés, el bosquecillo, otro laberinto («cada recodo del camino conduce a una puerta cauta, y detrás de ti otra puerta se cierra. Paisaje atravesado como una casa compleja, una habitación tras otra: todas las puertas dispuestas en zigzag, y jamás dos cercas una frente a la otra» [La península]), la meseta volcánica de Salers, los altiplanos volcánicos de la región de Aubrac y el macizo de Cézallier «a lo largo de los cuales caminamos como si fueran un mar de la Luna», las regiones de Sologne, la Landas, la Bretaña… El primer contacto del escritor con Venecia crea un lazo muy estrecho que quedó intacto con el paso del tiempo: Gracq frecuenta los Fondamente Nuove para experimentar la sensación de «una deriva atrayente a lo largo de siglos muertos hacia las encalladuras de la no-duración» (Roma. En torno a siete colinas). Aprecia Madrid, de un «extraordinario desaliño monumental», y París «de principio a fin hechizado por su río, bordeado por niveles de piedra cual si fuera una piscina, sombreado por los árboles, enguirnaldado de hiedra y adonde, por un hilo de placer, parecen confluir todas sus calles lo mismo que las alamedas de un jardín veraniego conducen hacia el estanque» («Souvenir d’une ville inconnue»).

73. Principalmente en Capitulares: «Las carreteras de Castilla, donde por doquier se circula directamente sobre la faz de la tierra»; los escritores «que no saben sino aprehender los grandes movimientos de un paisaje, que sólo saben descifrar la faz de la tierra cuando ésta se desnuda». Asimismo, en Lettrines 2: «A mi alrededor, no sólo la forma de las ciudades ha cambiado, sino también la faz de la tierra»; en La península: «Cuando llevaba mucho rato conduciendo y escrutaba largamente la faz de la tierra…»; por último, en Leyendo «escribiendo» habla de «los rasgos de la tierra», etcétera.