JIMÉNEZ, JUAN RAMÓN
A partir del verso de uno de sus primeros libros, en torno a 1907,
«Dios está azul», J. R. J. se reinventa al final de su vida, y lo hace
sin dejar de ahondar en ese «azul». Abandonándose por entero a
su experiencia mística de la poesía, desde el hallazgo de «lo alto
profundo» o la «mañana oscura», a la declaración «soy animal de
fondo de aire», descubre, en ese mismo fondo de aire, el «pozo
sagrado» de su conciencia, y en ésta la creación de su dios. «No
he trabajado en vano en dios, he trabajado en dios tanto cuanto
he trabajado en poesía», dice. Apuntes sobre J. R. y Aproximación
a una poética de J. R. J. son ambos textos una invitación a volver, o
descubrir, a J. R. Los lectores educados en lo contemporáneo pueden
sentir en un primer momento cierta resistencia frente a su poesía.
Habituados a la mucha dosis de ironía y autorreferencia del arte de
hoy, puede no ser tan fácil percibir y reconocer en J. R. un maestro en
atizar y potenciar la atención frente al descubrimiento, en realidad
de qué, si no es de nosotros mismos. En una época la nuestra en que
el arte se dirige a, o directamente es convocado por el pensamiento,
J. R sigue invitando a sentir, lo cual, de hecho, es inagotable. (J. C.)
Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-San Juan de Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura 1956, dio pruebas
a lo largo de toda su producción que incluye títulos como La soledad sonora (1911), Platero y yo (1914-17), Diario
de un poeta recién casado (1917), Piedra y cielo (1919), Belleza (1923), Canción (1935), La estación total (1946) o
Animal de fondo (1949) de una exigencia implacable: «Diera la mitad mejor de mi obra por no haber escrito la otra
mitad», confiesa. A su juicio, la tentativa del poeta no es otra que «la expresión permanente de la belleza pasajera», a
fin de «crear, aquí y ahora, la eternidad». En esa tarea, donde lo «aristocrático y popular nunca son términos contrarios
» y «la prosa equivale al verso libre», contó con el inapreciable apoyo de su compañera Zenobia Camprubí. En la
célebre conferencia titulada Política poética, pronunciada en Madrid el 15 de junio de 1936, Juan Ramón declara:
«¿No se podría formar en el mundo el partido de la poesía? [
] este partido no sería parte, porque en él cabríamos
todos [
] En este estado poético todos estaríamos en nuestro lugar [
] la poesía tendría la virtud de llevarnos a
todos a nuestro propio centro».
El arte puede ser muy rápido, a condición de que sea muy lento.
Juan