KMET, MASA
Es este un homenaje a Javier Huerta Calvo, el gran farandul, poeta, filólogo, teatrero y maestro, de sus amigos, discípulos, colegas (y sin embargo amigos), cómplices, cofrades (de la Compañía de la Novena), comensales, confidentes, y demás gentes de letras, tablas, buen comer y mal vivir amén, claro, de su querida familia. Sepan cuantos vecinos, moradores, transeúntes, doctorandos, cómicos, filólogos, poetas de voz quebrada, espectadores de buena fe, alumnos con o sin beca y estudiantes todavía no enteramente vencidos por la incuria administrativa vieren y entendieren este bando, que la memoria de un maestro no debe quedar reducida a la sequedad respetable de los epígrafes, niencerrada, por bien ordenada que esté, en las casillas del currículo normalizado, donde los méritos, al modo de ciertas sardinas de lata, aparecen limpios, alineados y privados del aceite secreto que los conserva. Conviene, por tanto, advertir al común de la Villa sea esta Madrid, Astorga, Ámsterdam o aquella patria portátil que se forma en los pasillos de una Facultadque don Francisco Javier Huerta Calvo no ha ejercido solo la profesión de filólogo, sino una suerte de alcaldía moral sobre el teatro español, sus calles antiguas, sus plazas menores, sus corrales, sus barracas, sus cementerios familiares y sus teatros universitarios.