HEGEL, FRIEDRICH

HEGEL, FRIEDRICH

Editorial:
ACENTO EDITORIAL
Año de edición:
Materia
Filosofía y Ciencia
ISBN:
978-84-483-0609-0
Páginas:
928
Encuadernación:
tapa dura
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Toda persona culta, escribe Terry Pinkard al comienzo de su reciente biografía de Hegel, cree saber algo de él: precursor de Marx, sólo que en idealista; inventor de la tríada tesis/antítesis/síntesis, con la que explicaba la historia; glorificador del Estado prusiano y apoyo del nacionalismo y autoritarismo alemanes bajo el manto del Espíritu absoluto. En definitiva, Hegel como modelo de la profundidad y el confusionismo, cuando no el peligro, germánicos. Pinkard es eficaz desmontando estos clichés a lo largo de 900 páginas. Pero seguramente el significado de su biografía va más allá de la divulgación de cosas ya conocidas entre los especialistas, a los que el mismo Pinkard pertenece. Durante la Guerra Fría, y desde antes, fue la izquierda centroeuropea la que trató de encontrar en Hegel, entendido aproximadamente como un modernizador socialdemócrata, un punto de reflexión, apoyo, contraste en medio de una academia conservadora cuando no desnazificable. Lukács, Bloch, Merleau-Ponty, Sartre, Adorno, Marcuse (muy expresamente y en inglés desde Razón y Revolución, 1941) participaron de una u otra forma en esta empresa, que, en parte, cristalizó institucionalmente en la HegelGesellschaft (1955). La hermenéutica más «occidental» respondió neutralizando filológicamente a Hegel primero con la fundación del Hegel-Archiv en Bonn (1958), luego con la creación de la Hegel-Vereinigung (1962), la edición crítica de Hegel en curso a cargo del Hegel-Archiv y, en definitiva, con el aparato universitario de la Bundesrepublik, sometido al Berufsverbot (la exclusión de los «comunistas»). Luego, con el cambio ideológico y la Ostpolitik en los últimos años de la Guerra Fría, las dos sociedades hegelianas se fueron acercando y la misma HegelGesellschaft se escindió en un último intento soviético por controlarla. En los años setenta se venía a publicar un libro sobre Hegel por día y hasta la Iglesia española, en sus sectores más previsores, preparó la transición enviando a algunos de sus alevines a estudiar Hegel en Alemania.