ESPINOSA, BÁRBARA
Verónica se refugia cada noche en un cuarto sin ventanas. Al otro lado de
la puerta, de 07:30 a 21:30, es una marioneta. Al otro lado de esa puerta, la
visten, travisten, con un uniforme-camisa de fuerza azul marino, delantal
blanco y moño armado por horquillas que la aguijonean sin piedad, inmovilizando
su cerebro.
Española de un nuevo siglo donde son otras las que limpian las babas y
heces de los ancianos, los culos de los niños, las que dan placer a maridos
en polígonos, carreteras y caminos. «ES PA ÑO LA» paladean cada sílaba,
«E S P A Ñ O L A», pronuncian cada letra. Pero esta no ha sido siempre la
historia de Verónica, la que dice haber sido antes aprendiz de peluquería,
vendedora en una tienda de ropa, limpiadora en el aeropuerto.
Verónica rehace el camino que la ha llevado desde el sur de la ciudad a un
norte idealizado, que bajo sus jardines oculta un infierno más abrasador
que el del desierto madrileño del que procede.
LO QUE SE HA DICHO
«Bárbara Espinosa ha abierto esa puerta al fuego del desespero y ha cerrado
las alas de la huida. Estamos ante un laberinto en el que han pintado
señales para seguir un camino hacia el centro del infierno».
Literatura MML
«Bárbara Espinosa consigue armar unos personajes cuya universalidad
está fuera de toda duda».
José Torres, Estado Crítico