MIR, JAIME
Jaime Mir me entregó a finales de los años ochenta el original de una novela que había estado escribiendo en sus ratos libres con la idea de que la leyera. El trabajo llevaba el título de El caso del cliente de Nouakchott y la dejé reposar unas semanas porque estaba metido en otras cosas. Fruto del azar, me llevé el manuscrito a Icod de Los Vinos cuando un buen amigo me invitó a pasar unos días en la casa de unos familiaresy fue allí, bajo la metafórica sombra del Drago Milenario, cuando empecé a leer un original que primero me soprendió, más tarde me hizo reír y, finalmente, sumergir en un relato muy bien alambicado en el que Jaime Mir, por primera vez en la historia de las letras que se escriben en esta región desestructurada, narraba en clave policíaca.
Al jurado del Benito Pérez Armas debió de sucederle igual, ya que El caso del cliente de Nouakchott obtuvo en 1990 el premio de Edición, lo que posibilitó que su publicación y que se transformase en una especie de novela de culto cuyos lectores reclamaban más y más títulos de su protagonista, el más que cínico, irónico detective privado Carlos Alberto Rico, Jeque para amigos y enemigos, sin resultado alguno.
Por razones que no merecen la pena explicar, Jaime Mir renunció a continuar escribiendo. Y cuando digo escribiendo me estoy refiriendo a que Jaime Mir se apartó del mundo de la creación literaria para dedicarse a otros menesteres, por lo que el fenómeno de El caso del cliente de Nouakchott se diluyó con el paso implacable de los años.
En septiembre de este año, me reuní con los responsables de la editorial Oristán y Gociano porque tenían que darme una agradable noticia. Quedamos en una cafetería próxima al teatro Guimerá y allí se me comunicó que iban a reeditar El caso del cliente de Nouakchott. Para resumir solo puedo decir que esa soleada y calurosa mañana de septiembre los de Gociano y Oristán me alegraron el día.
Veintidós años después, la nueva edición de El caso del cliente de Nouakchott se presenta este martes, 13 de diciembre, en la sala de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC, Robayna, 2) en Santa Cruz de Tenerife, a las 19.30 horas, acto en el que se me ha honrado para que esté en la mesa junto a los escritores Mariano Gambín y Javier Hernández.
Muchos se preguntarán porque no estará en la mesa Jaime Mir y la respuesta, no me he cansado de explicarla estos días por activa y por pasiva, es que Jaime se toma demasiado en serio su trabajo como escritor. Trabajo que, afortunadamente, ha vuelto a recuperar porque ahora mismo está armando una nueva historia protagonizada por Jeque. Un Jeque jubilado. Y el asunto promete por lo que he podido leer.
Jeque, que es un detective privado que preferiría pasarse la vida tumbado a la bartola, aparece también en otro relato que se publicó en los volúmenes de ganadores y accésit del Félix Francisco Casanova. No hay más Jeque vivito y coleando en otras páginas. Así me lo confirmó el propio Jaime, bastante abrumado por la reedición de El caso del cliente de Nouakchott, una novela que no me cansaré de calificar de culto y pionera de lo que más tarde se ha producido del género negro criminal escrito en Canarias.