CRESPO, ÁNGEL
El interés del poeta por la cultura italiana venía de lejos, ya que en 1963 realizó algunos viajes por el país que dieron, como resultado, la escritura de un poemario: Docena florentina. Concebido, en un principio, como cuaderno de apuntes para unas memorias futuras que nunca llegó a escribir, el Diario veneciano es en primer lugar un libro de viajes, pero sobre todo es un texto donde el autor registra sus labores literarias y académicas, sus lecturas y proyectos de escritura, además de un cuaderno de bitácora donde da cuenta de la abundantísima correspondencia que escribe y recibe desde España.
Y, por supuesto, el plano urbano en el que dibuja, de manera impresionista, la gran riqueza arquitectónica de la ciudad y su inmenso legado pictórico.
Abierta la convocatoria del XXVII Premio de Traducción Ángel Crespo
Estas notas venecianas permanecían inéditas.
El primer viaje consignado en el diario en 1981 es en realidad un periplo por varias ciudades italianas, en el que Crespo disfruta junto a su mujer de la gastronomía del país, se encuentra con amigos y peregrina por librerías, iglesias y museos de Roma, Pisa y Florencia.
La parte más sustanciosa y extensa del libro corresponde a 1982, con dos estancias largas en la ciudad: la primera, de enero a julio y, la segunda, más breve, en el mes de octubre de ese año. El escritor divide su tiempo en lecturas, en sus obligaciones como docente y en la corrección de pruebas de sus libros, al tiempo que lee la prensa española, se relaciona con otros escritores y profesores y despacha su ingente correspondencia. Y, por supuesto, oficia de flâneur urbano por las calles de una ciudad que no deja de seducirle.
El diario es libro de viajes pero