LOBO ANTUNES,JOAO
] La forma en que cada uno ve la dignidad en la vida y en la muerte es inevitablemente tan personal, que hacer una disertación sobre el tema ofende un poco el pudor de quien escribe y, lo que todavía es peor, el de quien lee.
Por supuesto que después de haber sido educado, como muchos de mi generación, en la tradición católica me ha costado renegar del modelo que propone el Génesis de tratar el tema Dios creó al hombre a su imagen, y todo lo demás que hay por detrás de eso. Pero no me pesó abrazar la perspectiva tomista que considera a la persona como un ente sustancial, único y completo, estructuralmente dotado de razón y libertad, porque hay en este concepto algo profundamente biológico, yo incluso diría que es darwiniano. Como ha señalado Frei Bernardo Domingues en un texto sencillo pero profundo sobre la dignidad de la persona humana a la luz de la teología católica, la dignidad es intrínseca a la propia estructura metafísica e independiente del desempeño temporal de sus virtudes, debido a errores genéticos, accidentes o circunstancias desfavorables, en el recorrido de ese mismo desempeño temporal. En mi opinión, hay siempre y necesariamente una dignidad complementaria en el acto de tratar, y quiero con esto decir que donde falta, complementamos.