SÁNCHEZ, SOFÍA
Mientras escribo esto, a mi derecha, un niño atraído por sus dibujos pide a sus padres que le compren uno de tus libros. Ya ha leído alguno de más de cien páginas, según dice. «Son libros de mayores», le replican ellos con la intención de disuadirle. Se equivocan. Son libros de poeta, libros de los que los niños se desprenden pataleando y los adultos -si lo supieran los adultos- se desprenderían reconvertidos en bisontes de luz, en seres cósmicos galopando alegres por la verde apertura de la palabra poética, desde tu palabra universal individualmente expresada, por la senda de la concreción propia e infinita, hacia sí mismos.