BATALLA DE LOS CENTAUROS, LA

BATALLA DE LOS CENTAUROS, LA

Editorial:
LIBROS CANTO Y CUENTO
Año de edición:
Materia
Poesía Española e Hispanoamericana
ISBN:
978-84-120357-2-8
Encuadernación:
Rústica con solapas
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Descatalogado

ocos poetas tan fieles a la tradición clásica como Juan Antonio González Iglesias, pocos también tan rigurosamente contemporáneos. Su primer libro, La hermosura del héroe, comienza con “Olímpica Primera”, una oda al nadador Martín López-Zubero que no habría desdeñado firmar Píndaro, a quien se cita en los versos iniciales. Su entrega más reciente, La batalla de los centauros, incluye otra oda, esta vez a un héroe anónimo (un ciclista que sube a un tren de cercanías), que recrea la fascinación del mundo clásico por el cuerpo humano sin incurrir en mimetismo alguno, como si un griego de la época de Pericles fuera a la vez contemporáneo nuestro.
Poeta culturalista y culturista, González Iglesias. La biblioteca alterna con el gimnasio como escenario de sus versos. Abundan en sus poemas las citas, los homenajes a escritores, pero es también el poeta del canto al cuerpo, al propio y al de sus camaradas, a la manera de Walt Witman. Esto es mi cuerpo se titula uno de sus libros más significativos: “Esto es mi cuerpo. Aquí / coinciden el lenguaje y el amor / La suma de los libros / que he escrito ha dibujado / no mi rostro, sino algo más humilde / mi cuerpo”.
A los muchos poemas que tienen por escenario el gimnasio, La batalla de los centauros añade “Colega”: “Lleva toalla y ropa / interior del ejército de tierra. /Si coincidimos, entrenamos juntos. / Desconozco su vida, y él, la mía. / Desconozco su nombre. / Nos bastan unos cuantos monosílabos. / Ni anillos, ni pendientes, ni tatuajes, / ni piercing en su piel. / Está desnudo cuando está desnudo. / Es mi colega del gimnasio. Juntos / honramos de la única manera / posible a los antiguos espartanos”.
Biblioteca, gimnasio y también centros comerciales. En Un ángulo me basta, otro de sus libros fundamentales, cita González Iglesias una frase de Ramón Buenaventura: “La poesía más eficaz de todos los tiempos se está practicando hoy y se llama publicidad”.
Ya en la “Olímpica Primera” incluía como un verso más un eslogan publicitario: “genuino sabor americano”. Ahora uno de los poemas del nuevo libro, “Consejos a un joven cachorro”, termina volviendo del revés “el eslogan de la colonia Hugo: / Don’t innovate. / Imitate”.
En una plaza principal de Burdeos, recuerda las palabras que allí pronunció Víctor Hugo hablando de los Estados Unidos de Europa y las de los monarcas franceses en el atrio de la catedral, pero a ellas prefiere las “del vagabundo, al lado / del McDonalds, diciéndole esta tarde / a su perro, en voz baja / y con mucho cuidado: Siéntate”.
A poemas como “En el tesoro de la catedral” (nos describe, con precisión y belleza, la catedral de Albi, “vertiginoso baluarte / de Occitania”, y el Mapamundi, uno de los más antiguos, que en ella se guarda), se contraponen otros como “Veta de oro en medio de la tierra”, una metafórica veta de oro encontrada en un ambiente tan prosaico como el Mercadona de Benidorm.
“Canción para pedir más carril bici” o “Parkour” (“Quedan cuando amanece. Silenciosos practican / equilibrio de gato sobre la balaustrada. / El verdadero don no es la musculatura, / sino la voluntad”) se titulan otros poemas, que alternan con los que mencionan a Horacio, Marguerite Youcernar o Epicuro.
Hay también sigilosos poemas de amor y un homenaje al poeta Pablo García Baena, uno de sus maestros, que es una de las más hermosas elegías que se hayan escrito nunca: “Me gusta imaginar a Dios parecido a ti”.
Desde sus primeros versos más barrocos, más elaboradamente gongorinos, González Iglesias ha ido evolucionando hacia una poesía más despojada, menos llamativamente preciosista, a veces solo un apunte, pero siempre una lección de vida.
No sale de su mundo González Iglesias con La batalla de los centauros. No lo necesita. Pocos poetas tan personales y tan capaces de aunar verdad y belleza, serenidad y asombro, cuerpo y calma.

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