MALDONADO MUÑOZ, ANTONIO
Literalmente en las nubes se le ocurrió a Antonio Maldonado escribir Azote. Venía en avión de Menorca leyendo Canto yo y la montaña baila y le gustó tanto que se dijo yo quiero hacer algo así sobre mi pueblo.
Con la novela de Irene Solà le vino la idea, ya en el avión empezó a desarrollarla y, nada más regresar a Villamanrique, empezó a escribir una novela que es un homenaje a su localidad natal, su padre y la literatura, con tributos en varios fragmentos a clásicos como Cien años de soledad y El Quijote.
En la portada, un gran puño, como una presión, cae sobre el pueblo y en la contraportada se habla de la lucha contra las desdichas y cómo la vida golpea y el pueblo resiste. De ahí que también es un reconocimiento a la capacidad de resiliencia de los pueblos, donde hay gente muy dura, muy estoica y, al mismo tiempo, muy soñadora.
Profesor de Historia en Secundaria en Madrid y autor de tres brillantes poemarios como El paseo del cancerbero, Cementerio de barcos y Luminiscentes, Maldonado debutó este febrero como novelista con un Azote de intrépido ritmo, poética prosa y que combina detalles, aromas y perspectivas muy modernas con antiguas y enraizadas en el terreno.
Llenó el aforo en las dos primeras presentaciones en Madrid, en el Museo de la Imprenta y la Biblioteca Iván de Vargas, ha recibido excelentes críticas que comparan su narrativa con la de Miguel Delibes y ya le han pedido que se anime a escribir una segunda parte de esta novela que posee, entre sus ingredientes, misterio, costumbrismo, sexo y muchísima humanidad, como son los pueblos.
Es una novela muy manchega porque habla de sus costumbres. Por ejemplo, aparecen las celebraciones en Villamanrique de San Antón y San Marcos, también la Semana Santa o las noches de verano. Precisamente, la novela comienza con las Lágrimas de San Lorenzo, las Perseidas, tomando el fresco, describe el autor de una obra en la que, en cada acontecimiento del pueblo, en distintos momentos del año, sucede algo. Es una novela muy sutil, que va dejando ver el contraste de los personajes a lo largo del tiempo y la evolución de las personas del pueblo.
También están la berrea, el ganado y los privilegiados paisajes naturales del entorno de una trama que sucede en Belmontejo de la Sierra, apuesta por un nombre en conexión con el realismo mágico de la obra y que se corresponde con el anterior al que tuvo el enclave hasta que Rodrigo Manrique, padre de Jorge Manrique, dio autonomía a la previamente pedanía de Torre de Juan Abad, pasándose a llamar Villamanrique.