CAMPANINI, GIORGIO
Un misterio italiano es un laberinto dentro de un laberinto, un rompecabezas en forma de historia interminable, una conjunción de cajas chinas demasiado relevantes para ser encajadas a la perfección. Su condición fenoménica consiste en permanecer abierto hasta el fin de los tiempos. Nadie es capaz de dar con todas sus claves. Si alguna vez eso ocurre se desvanecerá hasta desaparecer. Es imposible.
Jueves 16 de marzo de 1978. Son las nueve de la mañana. Estamos en Roma, muy lejos del centro. En el cruce de la vía Mario Fani con Stresa se produce el choque de dos Italias. La primera pertenece al oficialismo de la Democracia Cristiana, el partido por excelencia de la posguerra, dominador de la política transalpina hasta el colapso de Tangentopoli. La segunda ha nacido tras las muchas desilusiones del sesantotto, bien distinto al francés pese a ciertos puntos de conexión. Una tiene el rostro claro de Aldo Moro, varias veces primer ministro y cabeza visible del sector reformista de su formación. La otra es una sombra rápida y mortífera ilustrada con una estrella de cinco puntas: Brigate Rosse.