MEUCCI, ANA
Dice Natalia Litvinova Todo Agua sin voz se lee como un único aliento, dividido con precisión en cuatro partes. Un aliento que no se desborda, sino que avanza recogiendo raíces, torsos, piedras. No busca rescatar una geografía precisa ni reinventarla. Propone, más bien, sentir el desplazamiento, hacer con las palabras una casa provisoria.
cuelga el océano
el lado umbrío de la carne
cuelgan nuestros ojos en una foto que envejece
pasto de polillas
las caras de piedra y marfil cuelgan igual
cómodas en la pared
ignoran esos seres que fuimos, que no somos
la querencia de los árboles
que intentaron seguir nuestros pasos
y solo enmudecieron
Se trata de un poemario de alta altura lírica que se enmarca en la corriente de la poesía del silencio. Un poemario de exilio, pero no solo, un poemario que susurra bajito, pero contundente.
No hay lección ni se pretende, tan solo mirar con detenimiento, mostrar el derrumbe, la distancia. Se repite la casa, los vacíos, orfandades e intemperies, como si la poeta supiera o más bien, porque la poeta sabe, que las paredes contienen mundos enteros pero el agua cabe por cualquier recodo, llega, insiste y erosiona.
Se repiten las piedras.
Autor: MeucciAna
Ana Meucci (Caracas, 1978) Ex arquitecto, arquitecto, fotógrafo. Repartida entre la serenidad distraída de Madrid, la compañía de las piedras de Toscana, y la visión a contraluz de los yagrumos de Caracas. Y entre otras ciudades, visibles e invisibles. Actualmente realiza un doctorado en la Facultad de Filosofía y Le